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B()


Cartel de B()

Bárcenas comienza admitiendo que todo lo que había declarado durante meses en esta causa sobre sus “papeles” era mentira y que “ahora, iba a contar la verdad”. ¿Miente o dice ahora la verdad? Bárcenas viene bien pertrechado de documentos y un pendrive que entrega al juez Ruz. Se declara (ahora) autor de los papeles que han aparecido en la prensa y aporta los originales de esa contabilidad B. Además lleva una carpeta llena de recibos manuscritos que evidencian entregas de dinero en efectivo. Tras recibir esa documentación, el juez se centra en todos los pagos que aparecen en los documentos desde el año 1990. Bárcenas va explicando con rotundidad lo que para él fue el día a día de su labor como tesorero. Explica que era rutina pagar determinadas cantidades a secretarios generales, presidentes y otros cargos como un “salario complementario”. También explica que muchos gastos de las campañas electorales se pagaban a través de esta caja B.

     Título original: B
     Año: 2015
     Duración: 78 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 18/09/2015
     Distribuidora: Avalon Productions S.L.

 

Comentario

Cuando entré al Teatro del barrio a ver por primera vez Ruz-Bárcenas iba con miedo. Había invitado a tres amigos que no viven en Lavapiés, que no están especialmente al tanto de la política, que no van al teatro o al cine a menudo, que tienen niños y poco tiempo libre, a ver una obra que es una transcripción de una declaración judicial.

Sinceramente, tenía miedo de que a los diez minutos de función, quisieran matarme. Pero eso no sucedió. Desde el primer minuto los noté tensos, viendo a un hombre en una situación de western, solo ante el peligro, tratando de defenderse como gato panza arriba, dispuesto a confesar buena parte de sus delitos pasados. Y a un juez que se sentía muy presionado, que con 38 años está llevando un caso de corrupción del partido del gobierno desde una plaza interina de la Audiencia Nacional. La tensión, el miedo, la arrogancia, los ataques, la defensa, la verdad y la mentira... Contra todo pronóstico, en aquel escenario lo que había (como debe ser) eran EMOCIONES. Por eso el público se reía, murmuraba, desplazaba su mirada hipnotizado como si una pelota de tenis viajara de un lado al otro de la sala. Por eso mis amigos salieron eufóricos, con una sonrisa en la cara y con una mueca que decía algo así como “qué fuerte”. Y yo ya no estaba prestando mucho interés a la conversación. Ya estaba pensando que había que convertir eso en una película.