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El apóstata


Cartel de El apóstata

El apóstata es una comedia que repasa las cicatrices de un joven que desea emanciparse de aquello que se escapa de su control, a la vez que dispara contra sí mismo y con un afán cínico en algunas cuestiones de fe, de culpa y de deseo.

Apostatar ante jurisdicciones, autoridades, burocracias y otras membresías vitales parece el salvoconducto necesario, una cura para la claudicación del pasado y la bienvenida del futuro de Tamayo (30’s), nuestro antihéroe.

Tamayo sabe que no quiere ser lo que era antes, o lo que estaría condenado a ser si siguiera mansamente los preceptos filiales, pero encontrar ese otro modo cuesta mucho trabajo, y tal vez para dar un primer paso sea necesario poner en palabras el sentimiento. En la gesta propia de un adolescente tardío y con la sinceridad con que un amigo se dirige a otro en una colección de cartas destinadas a cruzar el océano, Tamayo repasa entonces todo un prontuario de debilidades y pequeñas miserias, la herencia familiar.

Durante este proceso de búsqueda y cuestionamiento se colarán la vieja e intermitente relación que mantiene con una prima, los recuerdos del despertar sexual, algunos pecados de niño cruel, el vínculo con una espiritualidad forastera, sus dificultades para seguir el camino paterno como un trabajador estable, la posibilidad de un cambio, las promesas y las mieles de una madurez nueva.

Mientras el epistolario revisa hitos del pasado tormentoso, el escenario madrileño de calles, oficinas, parques, atrios y altares muestra cómo cree, cómo quiere y cómo pena este joven de mirada extrañada, tierna y descabellada.

     Título original: The apostate
     Año: 2015
     Duración: 80 min.
     Nacionalidad: España, Francia, Uruguay
     Género: Drama. Comedia
     Fecha de estreno: 02/10/2015
     Calificación: Mayores de 12 años
     Distribuidora: Avalon Productions S.L.

 

Trailer:

Comentario

Sobre la idea original

La historia está basada en episodios de la vida de mi amigo madrileño, Álvaro Ogalla, que conocí mientras viví allí una parte importante de mi vida. Al tiempo que Álvaro hacía los trámites para apostatar, algunos aspectos de su vida personal iban apareciendo para afirmar y al mismo tiempo contradecir lo que él pretendía hacer. De primeras esto me sedujo. Sentí que había una historia hermosa para contar porque simbólicamente, lo que Álvaro pretendía era modificar su pasado; y al ser esto imposible y por lo tanto una fantasía, internamente se convirtió en un desafío súper tentador para hacer una ficción con toques de fábula.

Sobre trabajar con un actor natural

Una vez que decidimos que el personaje lo interpretaría el propio Álvaro - sin formación en actuación -, supe que el resultado tenía que ser tan peculiar como él mismo. Sus gestos, su mirada, su deseo y violencia contenida y su aspecto aniñado, eran potentes ingredientes que yo contaba de primeras para darle vida en la pantalla al personaje de Tamayo. Y lo que hice fue intentar mostrar el amplio abanico de expresiones y emociones que conocía de él. Creo que el resultado final tiene la gracia, la seducción, y la profundidad ideal para un personaje que curiosea durante toda la película. El personaje de Tamayo hace un recorrido regresivo de su propia vida, una tarea difícil para un actor. Confié en otras experiencias de trabajar con actores naturales combinados con actores profesionales, y el objetivo fue lograr un personaje que generase constante interés en el espectador; personalmente creo que Tamayo es un personaje inolvidable. Qué gran debut actoral!

Sobre qué película quería hacer

Durante el proceso de escritura tuve claro que quería hacer una película luminosa, esperanzadora, graciosa, y que jamás perdiera profundidad. Pero al ser una gran lotería realizar una película, era imposible saber si mis ideas iban a resultar. Trabajamos junto a todo el equipo creativo de la película en una narración que pudiese incluir todos esos aspectos, y sin olvidar la gran convicción de Tamayo que es el hilo conductor de la película. Cuando se colaba su pasado o sus delirios fantasiosos, pretendimos que nunca se perdiera el foco de aquello de que gobernaba a Tamayo: su deseo de transformación. Un genuino deseo que se manifiesta a través de sus grandes renuncias y que yo interpreto como épicas conquistas.