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Vientos de La Habana


Cartel de Vientos de La Habana

Mientras los cálidos vientos azotan las noches de La Habana, el inspector de policía Conde conoce a Karina, una enigmática mujer por la cual se siente profundamente atraído. Al mismo tiempo le asignan a un policía tan poco ortodoxo como él la investigación del asesinato de Lissette Núñez, profesora del mismo instituto preuniversitario donde el propio Conde estudió. Conforme comienza una intensa relación con Karina, Conde va construyendo un retrato de la vida oculta de Lissette que le permita dar con el asesino y descubrir que el escenario de sus antiguos recuerdos de estudiante ha cambiado demasiado, como ha cambiado la indescifrable y contradictoria ciudad de La Habana.

     Título original: Vientos de La Habana
     Año: 2016
     Duración: 104 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 30/09/2016
     Calificación: Mayores de 16 años

 

Comentario

Padura es toda una institución en Cuba. Sus novelas se agotan rápidamente y el nombre de Conde está en boca de todos como si fuera alguien de la vida real. Llevar por primera vez al cine a este mítico personaje de Padura era por tanto todo un honor, y por supuesto también un gran reto. A ese reto había que añadir que íbamos a ser la primera producción internacional en rodar dentro de Cuba un thriller donde se retratan personajes del cuerpo de policía cubano.

Como director de cine, el mundo de Padura presenta un universo irresistible: Historias policíacas en medio de la belleza decadente y sensual de La Habana. Crímenes investigados por un desencantado y resacoso detective de policía. La burocracia y falta de transparencia de un muy particular régimen caribeño. Pasiones que se desatan en medio de un clima caluroso y húmedo. Una ciudad que sobrevive milagrosamente a un largo declive… Como digo, para un director no puede haber atmósfera más apasionante.Desde antes de conocer personalmente a Jorge Perugorría yo ya sabía que este actor era considerado el alma central de la vida en La Habana, que era un tipo afable y, por encima de todo, que llevaba tiempo con el sueño de interpretar al Conde de Padura. En nuestros primeros días de rodaje me quedé fascinado por la minuciosidad de su trabajo como actor, por su búsqueda constante de matices y por su rigor en el set. En esos primeros días me di cuenta de que Perugorría era un actor de gran concentración y control técnico. Pero ahí no acabó la cosa. Conforme esta aventura común se fue desarrollando pude comprobar que por encima de todo él es un actor intuitivo, con una energía y humor siempre inagotables, generoso con los demás delante y detrás de la cámara, y continuamente con ganas de jugar como un niño ilusionado que pinta en un lienzo por primera vez. No me puedo imaginar un actor más completo, al igual que a día de hoy no puedo pensar en Conde sin ver su rostro. A partir de ahí todo encontró su lugar y su unidad, como si este equipo de españoles y cubanos hubiéramos trabajado juntos desde siempre. Durante un intenso y caluroso rodaje, fue entrañable reunir de nuevo delante de la pantalla a Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, haciendo que los inolvidables protagonistas de "Fresa y chocolate" ahora se enfrentaran como dos personajes antagonistas. También fue admirable presenciar cómo cubanizaban su aspecto, sus modales y su habla actrices tan imparables y entregadas como Mariam Hernández y Juana Acosta. En el caso de Juana Acosta la transformación incluía aprender a tocar el saxofón en un tiempo record, algo que sólo lo puede lograr una actriz tan completa como ella.

Supongo que el universo de Conde nos atrapó a todos. Sus imágenes son imposibles de olvidar: Noches de sudor y ron. Callejones oscuros y bandas de música en pequeños tugurios. Reminiscencias de iconografía tanto religiosa como revolucionaria. Siluetas. Gente que observa en la calle... Nada es lo que parece al principio. La Habana nos hechiza como una fruta prohibida con su cara más oculta, voluptuosa y sexual.

Orquestada en torno a nuestro atípico héroe, la película debía presentar un armonioso equilibrio entre una imagen propia del cine negro y un reflejo veraz de la realidad cubana. A partir de ahí, podemos decir que la película crea un particular género policial-caribeño, o como me gusta llamarlo a mí, Habana Noir. Las historias escritas por Padura presentan un material fascinante para un director. Ha sido un regalo y un reto trabajar para crear una atmósfera cinematográfica que estuviera a la altura de ese material.