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Sólo el fin del mundo


Cartel de Sólo el fin del mundo

Tras doce años de ausencia, un escritor regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que se está muriendo. A medida que el resentimiento reescribe el transcurso de la tarde, los conflictos se desatan alimentados por la duda y la soledad. Mientras, cualquier intento por empatizar se ve saboteado por la incapacidad de las personas para escuchar y amar.

     Título original: Juste la fin du monde
     Año: 2016
     Duración: 95 min.
     Nacionalidad: Francia, Canadá
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 05/01/2017
     Distribuidora: Avalon Productions S.L.

 

Comentario

Fue en 2010, o tal vez era ya 2011, no me acuerdo. Pero poco después de Yo maté a mi madre, estaba en casa de Anne Dorval, sentado como siempre en su cocina. Ese lugar se ha convertido, con el paso de los años, en nuestro irremediable punto de encuentro, donde a menudo acabamos poniéndonos al día, haciéndonos confidencias y confesiones, mirando fotos, leyendo, o la mayor parte del tiempo, simplemente pasando el rato en silencio. Fue ahí cuando me comentó la extraordinaria obra que había tenido el indescriptible placer de hacer al principio de la década de los 2000. "Nunca había tenido la oportunidad de decir e interpretar palabras escritas y pensadas de aquella manera, en un habla coloquial tan particular", me dijo. Es más, estaba convencida de que yo tenía la extrema obligación de leer la obra. Hasta me dio su texto personal, tal y como ella lo había garabateado una década antes: pies, entradas, posiciones en el escenario, notas a los márgenes...

Me llevé a casa ese enorme documento, cuya lectura presagiaba cierta dureza y rigor. En realidad, a pesar de lo que había prometido Anne, no me apasionó. Y para ser honesto, sentí lo contrario, un desinterés por el material, incluso cierta aversión hacia su lenguaje. Por algún tipo de bloqueo intelectual, no empatizaba con los personajes o la historia, y no era capaz de amar la historia que mi amiga tan profundamente adoraba. Aparté Solo el fin del mundo y Anne y yo nunca volvimos a hablar de él. Cuatro años más tarde, justo después de Mommy me encontré a mí mismo pensando en ese enorme texto guardado en la librería de mi salón, en la primera balda. Era tan grande que sobresalía del resto de libros que lo acompañaban, como si supiera que no podía ignorarlo mucho más tiempo. Al principio de ese verano lo releí (más bien, lo leí) y en la página 6 ya sabía que iba a ser mi próxima película. Y la primera como un hombre. Podía finalmente entender las emociones, las palabras, los silencios, las dudas, la inseguridad, los desgarradores fallos de los personajes de Jean-Luc Lagarce.

En defensa de la obra, debo añadir que no le di una gran oportunidad en su momento. En mi defensa debo decir que de haberle dedicado más tiempo, no creo que la hubiera entendido. El tiempo tiene sus maneras de actuar, y como casi siempre, Anne tenía razón.