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La comunidad de los corazones rotos


Cartel de La comunidad de los corazones rotos

John Mckenzie, un astronauta americano al final de su viaje se precipita sobre un edificio gris de las afueras de Paris. Recogido en la azotea por la señora Hamida, una señora marroquí que lo ama como a un hijo, Mackenzie espera que la Nasa lo encuentre y lo devuelva a casa. Un piso más abajo, la llegada de una nueva vecina, Jeanne, una vieja gloria del cine de los 80 hará despertar la curiosidad de Charlie, un adolescente solitario que vive con su madre casi siempre ausente. Invalido y aislado en la primera planta, el aspirante a fotógrafo Sternkowitz sueña con encontrar el amor. El encuentro con una frágil enfermera de noche obrara el milagro para hacerle bajar de su silla de ruedas.

     Título original: Asphalte
     Año: 2015
     Duración: 100 min.
     Nacionalidad: Francia
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 10/03/2017
     Distribuidora: Surtsey Films

 

Comentario

La Comunidad de los Corazones Rotos es mi primera película. Vale, ya he hecho algunas antes, pero ninguna como ésta. Antes era mi escuela de cine personal.

Hay que ensayar.

Y además es como en el amor, siempre se quiere más. Encuentras la gran historia y cuando recuerdas las antiguas (melancolía) nos acordamos de la confianza que nos han dado. Para ser nosotros mismos... Nosotros mismos... Hay que llegar.

La Comunidad de los Corazones Rotos es muy cercana a mí, como nunca. Conozco el entorno, vengo de ahí. La obsesión de una torre. Allá donde vaya, todo parece demasiado llano. Sueños grises, en hormigón armado. Escaleras sin todos los peldaños. Entonces subirlos de cuatro en cuatro. Halls desiertos con viento (del oeste). Y neones, neones por todas partes, como pinos nuevos de un bosque incendiado.

Tengo 40 años descubro mi emoción:

- El sol después de la lluvia sobre una orilla que se zambulle en el Atlántico.

- Un barrio en la noche iluminado por los neones de Carrefour, Leroy Merlin, Castorama.

¿De qué madera estoy hecho?

De hormigón.

¿Mi luz?

El neón. Tengo que volver. Ya no para escribir sino por la necesidad de filmar una pared. Acercarme, palpar una grieta. Es un cuadro.

Todos los seres nacen artistas. Y entonces, se les dice no, mejor olvídalo.

Recuerdo una entrevista en el colegio con la orientadora del colegio:

- ¿Qué quieres ser de mayor?

- Me gusta el cine Señora.

- ¿Y la mecánica, no te gusta la mecánica?

La Comunidad de los Corazones Rotos es real. Más que nunca. Dice lo real con todo lo que tiene de absurdo y de patéticas verdades. Sin ironía. Sin piedad. Sin intención describir una realidad social. Ocurre aquí y ahora simplemente. No se recrea con lo que fue o lo que vendrá. Es una historia atemporal que vale la pena ser vivida. Ser escuchada.

Es una historia a la altura del hombre. Hombres y mujeres que he conocido. Y que no han cambiado. O tan poco. Porque la gente no se degrada tan rápido como esos edificios mal construidos en los cuales viven. En los cuales vivía yo.

Este lugar no era el más bonito. Ni el más tierno. Pero qué cinematográfico era. Como todo lo popular. Y lleno de ternura. Como todo lo extraño lo es.

Eso es a lo que se parece La Comunidad de los Corazones Rotos. Contar la historia de un extranjero, de un extraño. El que desembarca, de lejos o de aquí al lado. En un barrio del que solo se habla mal, o apenas se habla.

El extranjero que llega a casa de los extranjeros.

El que descubre que el único lugar en el mundo donde se encuentra ternura, amor y compasión, es aquel en el que se ha dejado de mirar. Aquel que se ha olvidado.

Contar la soledad, sin hablar forzosamente de violencia.

Contar un paisaje por su luz eléctrica, que late como un corazón sobre paredes llenas de gritos. Y por el silencio que no existe, porque el silencio de esas altas torres, es un silencio con ruido.

Hablar del rechazo a través del humor, porque nadie es tan simpático como esa gente que he conocido. Y acordarme que mi padre me hablaba del humor de los guetos.

Ya que es una nota de intención, aquí está la mía. Es como hacer un viaje hasta allí, porque, aunque está cerca, el viaje es largo.

Intentar encontrar esa ternura profunda y dejarla explotar en esos personajes que no creían en nada. Volver a reír y encontrar a la gente.