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No sé decir adiós


No sé decir adiós

Carla recibe una llamada de su hermana: su padre, con el que hace tiempoque no se habla, está enfermo. Ese mismo día, Carla coge un vuelo a Almería, a la casa de su infancia. Allí, los médicos le dan a su padre pocos meses de vida. Ella se niega a aceptarlo y contra la opinión de todos, decide llevárselo a Barcelona para tratarle. Ambos emprenden un viaje para escapar de una realidad que ninguno se atreve a afrontar. Y será en esa huida donde se terminarán encontrando, donde finalmente se podrán decir adiós.

     Título original: No sé decir adiós
     Año: 2017
     Duración: 96 min.
     Nacionalidad: España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 19/05/2017
     Calificación: Mayores de 12 años

 

Comentario

NSDA. Dentro.

No sé decir adiós es un drama familiar que cuenta la historia de un reencuentro. En este sentido, la película habla principalmente sobre la familia, y más concretamente sobre los códigos de comunicación, o incomunicación, que se establecen entre sus diferentes miembros. La película también enfoca el tema de la familia como canal de transmisión generacional, de cómo la herencia recibida se traspasa de padres a hijos de forma inevitable.

Por otro lado, la película se sumerge dentro del tema de la familia desde un lugar menos racional, más abstracto. La familia es el vacío desde donde emerges y el lugar donde regresas al morir. Con esta frase comienza Tormenta de hielo (Ang Lee, 1997), una frase que me ha acompañado muy de cerca durante todo el proceso de realización de No sé decir adiós.

Definir la familia como un vacío siempre me resultó interesante. Desde ahí, la familia aparece como un lugar sin forma, como un concepto abstracto. Un lugar donde se establecen relaciones muy fuertes y a la vez tremendamente frágiles. Una estructura, la familiar, basada en emociones que no atienden a ninguna regla racional. Y también, la familia, como ese lugar al que perteneces y a donde, de manera irremediable, siempre acabas volviendo. Dirigir esta película ha sido un intento de dar forma a algo tan abstracto para mí como el concepto de familia.

Otro tema destacado en No sé decir adiós es la muerte. El enfoque aquí es la dialéctica que se desarrolla en la película entre la aceptación y la negación de la muerte. Esta dialéctica es, de hecho, el motor de la historia y dibuja otro de los temas que aparecen en la película, la negación de la realidad como forma de supervivencia.

La muerte adopta en la película diferentes significados y es, en todos los casos, una realidad que conforma el día a día de estos personajes y de la que todos intentan escapar de manera más o menos consciente. Por un lado está la muerte física, la enfermedad de José Luis, que conforma la trama principal de la historia. Por otro, la muerte emocional, a diferentes niveles, de Carla y Blanca, sus hijas.

Algo esencial en la historia es entender desde dónde se articula esta negación de la realidad/muerte. Nace básicamente del temor a afrontar el abismo que esta provoca pero también de la incapacidad de lidiar con las emociones que la propia aceptación de la muerte puede desencadenar; emociones y sentimientos como el dolor, la rabia, el cariño, el amor o el perdón. Emociones, que por otro lado, están muy ligadas al simple hecho de que estos tres personajes conforman una familia. De esta manera, la proximidad de la muerte demanda que José Luis, Carla y Blanca tengan que, no solo asumir de nuevo sus roles familiares, sino también volver a sentirse padre, hija, hermana.

Es entonces el miedo a la despedida, a situarse emocionalmente dentro de la estructura familiar, el miedo a lidiar con estas emociones lo que provoca la huida. Paradójicamente, ese mismo miedo será el impulso gracias al cual estos personajes se acabarán encontrando.

Serán encuentros codificados, unas veces estructurados desde el silencio, otras desde conversaciones triviales y gestos exteriormente vacíos de significado, gestos que, a la vez, estarán cargados de una gran ternura, de una extrema humanidad.

Carla, Blanca y José Luis llevan huyendo mucho tiempo. Siguen huyendo, y en esta última carrera intentarán escapar de la propia muerte, de la inevitable despedida. Pero será también en esa escapada donde de nuevo se encontrarán como padre, como hija, como hermana. De una manera torpe pero a la vez extremadamente tierna, dentro de sus limitaciones, miedos, rencores y heridas mal curadas, harán lo posible por despedirse.

Y es en la huida donde se terminarán encontrando.

NSDA. Fuera.

No sé decir adiós es una película que resulta ser la evolución natural dentro de mi carrera después de los cortometrajes que he realizado. Es una película de y para actores, construida desde una estética narrativa, enclavada dentro del drama y producida por Lolita Films.

Por otro lado, esta película significa un cambio considerable dentro de mi filmografía, no ya solo por la diferencia de metraje, sino también porque trabajo por primera vez con un guion que, aún enclavado dentro del drama, incluye el humor de manera sutil y cotidiana.

La idea de trabajar con una historia dentro de este tono fue algo que busqué tras rodar mi último cortometraje, Elena quiere. Sentía la necesidad de afrontar una historia alejándome de ciertos criterios formales, sobre todo a la hora de desarrollar el guion.

Por todo esto comencé a trabajar con el guionista Pablo Remón. Conocía su trabajo por películas como Casual Day (Max Lencke, 2007) y Cinco metros cuadrados (Max Lencke, 2011). En estas películas me interesaba mucho la manera en que estaban trabajados los diálogos, dando voz a unos personajes que resultaban muy cercanos, muy familiares, muy nuestros. También me parecía muy interesante cómo Pablo manejaba el humor en sus guiones, un humor que surge desde la cercanía y la cotidianidad, desde el cotidianismo, como diría Fernando Fernán Gómez.

Esta fue la manera en la que enfocamos el tono general de la película durante la escritura del guion, queríamos dibujar a unos personajes muy creíbles, que resultaran muy familiares. La idea era generar una sensación general de cercanía y proximidad a la historia.

Durante el proceso de escritura me planteaba cómo iba a convivir una historia construida dentro de un tono más vivo, más cercano, dentro un lenguaje cinematográfico que había vertebrado todos mis trabajos anteriores y que, en definitiva, me define como director. Es este un lenguaje formal, austero en la puesta en escena, que apuesta por el encuadre y la composición como principal elemento narrativo.

En este sentido, el proceso de construcción de la película ha resultado muy interesante. Desde el principio la apuesta ha sido crear una dialéctica entre lo físico y lo estático, entre texto y subtexto, entre forma y contenido, para generar desde ahí una sensación de perturbación, de extrañeza, de desamparo. Conceptos todos estos que conectan de manera muy íntima con cómo se relacionan los personajes de esta película con su entorno y con ellos mismos.