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La alta sociedad


Cartel de La alta sociedad

Verano de 1910. Varios turistas han desaparecido mientras descansaban en las hermosas playas de la costa. Los inspectores Machin y Malfon pronto deducen que el centro de las misteriosas desapariciones debe ser la bahía de Slack. En ese lugar vive una pequeña comunidad de granjeros y pescadores de ostras, además de la disparatada familia Brufort.

     Título original: Ma loute
     Año: 2016
     Duración: 112 min.
     Nacionalidad: Francia, Alemania
     Género: Comedia.
     Fecha de estreno: 21/04/2017
     Calificación: Mayores de 12 años

 

Comentario

Tras P'tit Quinquin

Quería hacer una comedia sin llegar a encontrar el tono correcto. Deseché esta idea por un tiempo, hice otras películas, abordé otros géneros. Entonces ARTE me ofreció dirigir una serie. Tenía vía libre para hacer lo que me diera la gana, me decanté por una comedia de policías, pero a mi estilo, casi experimental. Tenía la intuición de que el drama llevaría hacia el humor. Así que empecé a hacer lo que sabía hacer, con lo que estaba familiarizado, añadiendo una parodia casi grotesca. El éxito de P'tit Quinquin me dio confianza, quise prolongar esta experiencia al cine, con todas las ventajas de la gran pantalla. Quería que "La alta sociedad" fuera cinematográfica y profundamente divertida. Además quería distanciarme del supuesto naturalismo que la gente siempre ha achacado a mi trabajo.

Memorias de la bahía de Slack

Mientras buscaba una historia cómica que pudiera tener lugar en la Costa Opal (la región en la que he vivido y mejor conozco) me topé con algunas postales antiguas, en partícular unas que mostraban "Los paseantes de la bahía de Slack", esos locales que acarreaban a gente de clase media de un lado a otro del río Slack a principio del siglo XX. Fue el punto de partida de "La alta sociedad", que impulsó todo lo demás: Los Bruforts en un lado, los Van Peteghems en el otro, la historia de amor y las misteriosas desapariciones. Cuando empecé el guion iba llenando los huecos con esas postales. A diferencia de P'tit Quinquin, que lo escribí sin saber si sería divertido, en este caso lo tenía presente todo el rato, buscaba el poder cómico de cada situación en la que pensaba. La comedia es una máquina, un mecanismo que tiene efecto inmediato, es completamente diferente de crear que el drama y mucho más difícil.

El reto de una película de época

La historia sucede el verano de 1910. El comienzo del S.XX marcó la efervescencia de la burguesía, de la industria, del capitalismo y por tanto la lucha de clases. Como espectadores en la actualidad, sabemos que el mundo se pondría boca abajo, que la Primera Guerra Mundial empezaría poco después. Por primera vez he tenido que recrear un paisaje que ya no existe. Me ayudaron mucho las postales de bahía de Slack. Como la historia descarrila muy rápido quería una localización que soportara la locura. Me acordé de Typhonium en Wissant, una casa construida al estilo neo-egipcio a finales del S.XIX, en sí misma una locura. Escribí el guion con esta residencia en mente. Los dueños fueron reticentes a dejárnosla para el rodaje, primero se negaron, pero un año después aceptaron. Rodamos los exteriores de Typhonium y los interiores de otra casa igual de extravagante y soñada por gente inglesa al estilo Tudor.

Luz del pasado

Rodar en digital me permitió ir más allá que con 35mm. Los espectadores de hoy en día tienen una imagen del pasado, o al menos de lo que piensan que es el pasado, que tienes que tener en cuenta, ya que tienen que creerse lo que ven en pantalla. En ese caso quería encontrar los colores y la calidez de imagen que corresponde al tiempo que se narraba. Como referencia pensé en los Authocromes de los hermanos Lumière, pero al mismo tiempo no quería caer en la imaginería. Era una cuestión de balance entre el presente y el pasado. El digital nos trae la hiperdefinición de la imagen, creando una especie de hiperrealismo en la película, una modernidad genuina.