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Blackwood


Cartel de Blackwood

Cinco adolescentes problemáticas se ven obligadas a acogerse a un programa experimental de enseñanza impartido por la enigmática Madame Duret en el internado Blackwood. Pronto empiezan a mostrar talentos singulares que no sabían que poseían, y a tener extraños sueños. Visiones. Lagunas de memoria. Cuando la frontera entre realidad y sueño comienza a hacerse demasiado difusa, todas comprenden al fin el motivo por el que han sido llamadas a Blackwood. Aunque ya puede ser tarde...

     Título original: Down a dark hall
     Año: 2018
     Duración: 96 min.
     Nacionalidad: EE.UU., España
     Género: Drama.
     Fecha de estreno: 03/08/2018
     Distribuidora: EOne Films Spain

 

Comentario

Una tarde cualquiera de hace un par de años recibí el borrador de un guión que no debería haberme interesado y que, contra todo pronóstico, me intrigó: Down a Dark Hall, basado en un clásico juvenil de terror escrito en los años 70 por Louis Duncan. Había oído hablar de la novela como el origen apócrifo de Suspiria y de otras historias, pero, francamente, no sabía mucho de ella. El borrador -aún incipiente- mostraba un mundo alejado, en apariencia, del mío, la historia de cinco chicas adolescentes internadas en una academia más bien gótica bajo la tutela de una directora especial. Una historia que creía haber visto y leído varias veces. Me equivocaba.

Encontré en ella una premisa oscura y perturbadora que incluía también, o eso sentí, una reflexión sobre el precio del talento. Me vi, sin querer, arrastrado a mis años de conservatorio, cuando las teclas del piano (un millón al principio) iban reduciendo año a año su ancho, dejando algunas cicatrices en el ánimo. Supe entonces cómo abordar una película que en España acabaría llamándose Blackwood.

Blackwood es una película sobre adolescentes. Dirigida a ellos. Que espero tenga la suficiente elegancia como para interesarle a todo el mundo. Más que una película de terror es una alegoría inevitable sobre el hecho de crecer, en esa edad tensa y difícil en que todo resulta terrorífico, cuando uno debe descubrir quién va a ser el resto de su vida. Pero Blackwood es, ante todo, cine del modo en que lo entiendo y me interesa. Más que en sagas recientes, busca guía en la mirada perturbadora de Polanski, en la psicología subterránea de Roeg. En la sensualidad invisible de Weir. En Blackwood pesa tanto el suspense como la belleza de la pintura o de la música: el arte se convierte en una laguna profunda llena de peligros.